Parece un poco obvio el hecho de que si tienes un encuentro casual con un desconocido, no vas a generar un vínculo emocional por haber compartido la cama un par de horas. Uno asume que es una decisión personal, pero la verdad no lo es.

“Uno no elige de quién se enamora” dice el dicho, y es que en estricto rigor es así, porque el vínculo romántico funciona de una manera misteriosa: se cree que es el resultado de un complejo cóctel de hormonas, procesos neurobiológicos y condicionamientos sociales. Aunque muchas partes de la cognición humana siguen siendo un enigma total, los científicos han logrado aislar unas cuantas hormonas y estructuras cerebrales que podrían ser las responsables de que nos enamoremos – aunque no lo deseemos – de alguien que no sea santo de nuestra devoción. 

Oxitocina, vasopresina y dopamina

Hormonas de placer y apego, de la mano de hormonas de adicción y posesión, ¿qué mejor?.

Gran parte de lo que sabemos sobre el amor es gracias a los ratones de campo: A diferencia del 97% de los mamíferos, son monógamos y las parejas desarrollan vínculos extremadamente fuertes entre sí. Cuando se les da la opción, eligen permanecer exclusivamente con sus parejas y finalmente, hacer un nido juntos. En diversos estudios, los investigadores han logrado identificar tres hormonas responsables de estos vínculos duraderos: oxitocina, vasopresina y dopamina, ambas liberadas durante el sexo entre ratones de campo.

Los investigadores han concluido por tanto que, en el caso de los ratones de campo machos y hembras, la vasopresina, oxitocina y dopamina son ingredientes mágicos para conseguir una monogamia que dura toda la vida, estableciendo un vínculo que se mantiene hasta que la muerte los separa.

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Podrías lograr que cualquier información llegue a tu cerebro evitando el contacto visual

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“Otra forma de prevenir el vínculo íntimo es pensar en otra persona durante el sexo ”

¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?

Tiene todo que ver porque con nosotros – los seres humanos – sucede exactamente lo mismo. El cerebro humano también contiene receptores de oxitocina y vasopresina y al igual que los ratones de campo, liberamos cantidades enormes de oxitocina durante el sexo.

Pero, ¿podemos evitar este vínculo?, ¿es posible manipular estas hormonas para evitar llenar de lágrimas nuestro vaso de whisky?.

El primer paso para controlar las hormonas del amor es evitar el contacto visual, ya que se sabe que el contacto visual prolongado incrementa la liberación de oxitocina en el cerebro: Cuando tienes sexo con alguien, estableces una conexión íntima con su cara, sus gestos, su olor, sus sonidos y sus ojos en particular. Esto, llega hasta tu cerebro y resulta tan gratificante, que como la liberación de estas hormonas/cóctel químico tiene memoria, se genera la adicción.

¿Cómo prevenir esto?

De partida, podrías lograr que cualquier información llegue a tu cerebro evitando el contacto visual. No estamos diciendo que jamás mires al individuo en cuestión, pero sí que evites ese contacto visual adictivo.

Otra forma de prevenir el vínculo íntimo es pensar en otra persona durante el sexo para obligar a tu cerebro a asociar el placer con otra persona que incluso nunca vayas a conocer en realidad, como una estrella de cine, por ejemplo. Esto impide que el cerebro establezca un vínculo con la persona con la que estás teniendo sexo, porque no absorbes los signos visuales que resultan fundamentales para la liberación de oxitocina.

Si has llevado a la práctica todas estas cosas y todavía te sientes inexplicablemente atraída hacia el misterioso ser humano en cuestión, no te desesperes: Lo importante es que tengas claro que tu cerebro se ha visto inundado por una poderosa sustancia química que finalmente se disipará, puede ayudarte a manejar mejor tus emociones post sexo. Reconoce que sencillamente estás bajo las garras de un efímero romance químico y deja que tus genitales vivan en libertad.